La vela no esta allí para iluminarse a sí misma

Leh – Valle de Nubra. Diario India 2011.
“La vela no esta allí para iluminarse a sí misma”
Nawab Jan-Fisham Khan
Sigo en ruta por India, aprendiendo cada día, compartiendo, tropezando a veces, acertando y, sobre todo, aprendiendo de lo que comparto, de lo que me comparten. Siguen los amaneceres entre Himalayas y el Karakorum, entre el Sijismo y el Hinduismo, entre el Sufismo, el Budismo y muchos mas ismos, siguen los días con sus comidas, atardeceres, con la salida de la luna, la llega de la noche, las conversaciones más íntimas, los mejores silencios. Sigue un nuevo amanecer detrás de otro y sigue el camino; y sin pausa, pero sin prisa, se van abriendo los valles tras los pasos de montaña, va soplando el viento y suena la música, mantras que nos recuerdan a Buda y la compasión, alabanzas dedicadas a Shiva y rezos del Corán en pleno Ramadán, aquí, al norte de la India.
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Si, siguen los pasos de montaña uno tras otro, de 4mil, 5mil, de hasta 5600 metros! aunque mi Gps lo niegue y diga que son sólo 5370; no importa, !es el más alto del mundo! Grita un letrero descolorido por la carretera del Kardung La y todos le hacemos caso, …como a todos esos volcanes activos que cada uno dice ser el más alto del planeta, como esos cañones que cada uno es el más profundo del mundo, y como mi ego que es sólo mío y no tuyo. El camino sigue sin parar, pasan altos, profundos, y bajos, pasan pasos de montaña, abismos y cañones, y a lo lejos aparecen valles incrustados, cascadas refrescantes y milagrosos remansos verdes; y corren rios como el Nubra, el Shyok y el mítico Indo, corren como la vida misma, sin parar, hasta que para. Y yo aquí, viajando entre “el Tibet Indio” y “la suiza de Cachemira”, o sencillamente entre Ladakh y Cachemira. Viajando, queriendo estar allí contigo y tú queriendo estar aquí sin mi. Y van pasando las horas y los días, los desiertos y las montañas áridas y duras, y por favor “no spicy” que estos no comen spicy y, …te dije, que no comen spicy. Que yo contigo y tú sin mi. Y estos no comen spicy.

Suenan las puyas en los monasterios, se encienden las velas, suenan las campanas y clarinetes, suenan mantras en el valle de Leh y lo hacen también en el valle de Nubra, donde un día ire camino a escalar, al glaciar de Siachen, allí, donde suenan las avalanchas y la libertad, y donde no suena nada, ni siquiera la libertad. Un rincón por explorar, un paraje imaginado, perdido y secuestrado entre Pakistan, India y China; o sencillamente un lugar más entre Ladakh y Cachemira, al fondo de mi ego, que insiste mió mió, que es sólo mió, y no tuyo.
Vuelvo a la ciudad de Leh trás visitar el valle de Nubra, una noche más otro día menos, y llueve, y llueve, todo el día y toda la noche, y en Ladakh nunca llueve y a mi por años siempre me ha llovido. Otra noche más, otro día menos. Y paro, descanso, un poco, tomo aliento y sonrío mientras se cae el cielo sobre Leh. Me encanta. Y donde no llueve, llueve. Y aprendo, a desaprender, y callo. Y Voy camino de Cachemira, lugar sagrado e inspirador, peregrinaje ancestral para Hinduistas, Budistas y Musulmanes, y para los que no son ni lo uno ni lo otro, para los que lo son todo, y nada. Voy a Cachemira cuna mítica del sufismo y eso me recuerda a Nawab, veo el camino, le presto atención y guardo silencio:
“La vela no esta allí para iluminarse a sí misma”
Nawab Jan-Fisham Khan
Y sigo, sin pausa, pero sin prisa, sin rumbo pero contigo.
Y yo contigo y tú sin mi.
Y tú por mi, y yo por ti.
Y sigo, el camino.

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