Namaste!


Bienvenidos a esta nueva actualización de sueños y proyectos. Los ultimos años he estado fuera, en el mundo, subiendo montañas, compartiendo pasiones, visitando selvas y mares, sobreviviendo en ciudades, amando, aprendiendo, llorando, riendo, viviendo… y sencillamente cada paso me ha llevado a conectar con lugares fascinantes y gente maravillosa.

Archive: Sinaí

Sinaí, sí a la libertad, sí a la dignidad.

 Montañas del Sinai, atardecer.

No han pasado ni dos meses desde que disfrutaba un último atardecer sobre el monte Sinaí desde la cumbre más alta de Egipto, el Jebel Katrina. Y la verdad, a mi mente le parece que hubiese pasado mucho mas tiempo, quizá porque los cambios y acontecimientos se suceden a un ritmo estrepitoso e imprevisible, o tal vez porque ha tomado demasiado tiempo, siglos, décadas para que algunos cambios necesarios comiencen a llevarse a cabo. Espero que algunos de estos cambios como la defensa global de la libertad y la dignidad de toda persona, sea imparable.

Desde lo más alto del monte Katrina contemplaba a un lado el golfo de Aqaba, allí observaba a lo lejos las montañas de Arabia Saudita e intuía en el horizonte donde estaría exactamente la frontera entre Israel y Jordania, al otro lado justo debajo mío distinguía el golfo de Suez con muchos barcos que se preparaban a pasar la noche sobre las tranquilas olas del Mar Rojo. Justo en frente mío, encendido en naranja intenso, el monte Sinaí y todas las montañas rocosas que lo rodean completan el espectáculo; sin duda aquellas son las mejores vistas de esta mítica península incrustada entre África y Asia, un lugar histórico, sagrado, especial para mas de tres mil millones de personas, judíos, musulmanes, cristianos y muchos que se declaran agnosticos o ateos, pero sobre todo Sinaí es un paraje propicio para la contemplación y el silencio que suele preceder a la acción.

Montañas en el horizonte, Arabia Saudita 

Varios días de caminata por los rincones mas remotos de estas montañas me ayudaron a recordar que llevo en mi mochila la creencia de que revalorando y preservando la diversidad natural y cultural de nuestro planeta no solo se consigue algo tan importante como mantener vivas creencias y manifestaciones culturales invalorables. Se consigue sobre todo proteger actitudes y valores en donde habita y late el mejor ejemplo y la mayor garantía para conservar la Naturaleza en general.

Siento que aún no digiero toda la belleza de las montañas del Sinaí, ni los acontecimientos que se están dando en todo el mundo árabe, ni siquiera mis conversaciones con Ahmed, el beduino con quien recorrí los rincones mas lejanos de estas tierras, pero puedo ir adelantándoles algunas impresiones e imágenes de aquel mundo que aparenta lejano pero que esta mas cerca nuestro de lo que imaginamos.

Ahmed es un montañero profesional del Sinaí, vive de eso cuando hay trabajo, cuando el turismo no se espanta por atentados terroristas o ataques de tiburones en el mar rojo, es musulmán y esta muy ilusionado con su novia, lo noto por las ganas que demuestra cada vez que consigue cobertura telefónica en lo mas alto de la montaña, la llama unos minutos y sé que ambos se echan unas risas a la distancia mientras planean la próxima vez que se van a ver, la conoció en la celebración de un matrimonio por la que ella vino a visitar su pueblo, no serán una pareja “arreglada” me dice con ilusión, se enamoraron uno del otro al verse en la fiesta, en sus ojos y en su mundo esto es mucho mas que una verdadera historia de amor. Ahmed es una persona trabajadora con documentación egipcia que cede a mi curiosidad para contarme escenas de discriminación y abuso contra las tribus beduinas de las que él forma parte indivisible, lo cuenta sin que esto le robe su amplia sonrisa, ni sus ganas de cambio, ganas de ser feliz junto a la gente que quiere. Lo cuenta mientras alarga la vida del fuego de la fogata, da otra fumada a su shisha y yo estiro mi té caliente bajo el océano de estrellas de mi última noche sobre el Sinaí.

Montañas rocosas del Sinai 

Tras muchas horas de carretera esquivando las olas del mar rojo volví al Cairo y me fui aquella misma noche de vuelta a Barcelona, marche justo cuando en sus calles la gente comenzaba a preguntarse si las reivindicaciones del pueblo de Tunez tendrían eco en un Egipto aparentemente resignado al abuso de poder y a la muy precaria realidad social y económica que azotaba a la mayoría del país. Era imposible imaginar aquella noche, recién bajado de las montañas, y a punto de montarme a un avión, el alcance de los acontecimientos que siguieron tanto como su repercusión actual en todo el mundo árabe, y son difíciles de imaginar ahora las imprevisibles consecuencias para el mundo entero, incluido un mundo “libre” hambriento de cambios.

Lo que estaba claro a la luz de una fogata en lo mas alto del Sinaí lo estaba en las calles del Cairo, la gente tiene derecho a la libertad, a la dignidad, a oportunidades, a sus creencias, a sus lenguas, a sus tierras, a dar su vida por estas y estaba claro también que a Egipto le urgía un cambio. Como urge un cambio en muchos rincones del planeta, los actuales acontecimientos en el mundo árabe comienzan a tener eco en el resto del planeta porque nuestros sistemas sufren de lo mismo bajo un velo distinto.

Luz de fuego, Sinai.

Creo que la difusión masiva a través de redes sociales, wikileaks y medios de comunicación convencionales de la profunda corrupción de los sistemas, el abuso de poder, la represión y la violencia de la que somos testigos actualmente en el mundo árabe, como también el poner en evidencia los intereses en juego del llamado mundo “libre” pueden actuar como un espejo revelador en el que toda la humanidad vea el reflejo de su propia locura. Un espejo que finalmente nos de mayor conciencia.

Desde aquí quiero enviar mi mayor reconocimiento y respeto a la gente de Túnez, Egipto, Libia, Bahréin, Yemen, Marruecos, entre otros países, y motivarles a perseverar en el camino que han elegido, quiero aprovechar también para motivar a toda persona que crea que es posible para todo ser humano una vida libre y digna, a hacer todo, todo lo que este en sus manos para que sin violencia así sea.

Apoyo desde este espacio a todas las minorías oprimidas y todas las comunidades nativas e indígenas que no ven reconocidos sus derechos ancestrales, a todos los motivo a que sin violencia sean catalizadores de un cambio global que diga sí a la libertad, que diga sí a la dignidad de todo ser humano.

El respeto a vuestra diversidad e identidad es la única garantía de que se respete la identidad y diversidad de todos.

 Arbol del Sinai

 Enlaces recomendados:

- Iman, mi maestro Tamang

- Expedición Everest 2012

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Sinaí, la montaña de Moisés.

 Mar Rojo, Golfo de Aqabat

Llegue a Dahab muy tarde por la noche y no fue hasta el amanecer que tuve mi primer encuentro con el Mar Rojo. El interminable y tímido oleaje del Golfo de Aqaba llenaba un relajado horizonte que mostraba en la orilla opuesta las colinas de Arabia Saudí; pronto el Sol se convertía en el protagonista tiñéndolo todo de intensidad, dejándome en silencio. El incesante susurrar de las olas, la serenidad de aquella mañana y la luz que iba cubriendo cada rincón dieron compañía a mis primeras sensaciones en la península del Sinaí, se abría ante mí un lugar especial, un paraje bello, lleno de historia y creencias.

Mientras el amanecer se difuminaba sobre el bíblico Mar Rojo, crecían mis ganas de ver aquel mismo Sol encenderse nuevamente, quería volver a sentir aquella alegría serena, esta vez al atardecer, y desde lo más alto del monte Sinaí. Son las montañas sagradas y su gente las que me han motivado a difundir y valorar ese inconsciente universal que encuentro mientras recorro mi camino por las montañas de nuestro mundo. Desde la más remota antigüedad y para culturas tan lejanas como las originarias de los Andes y los Himalayas, o entornos tan diferentes como los hábitats de los nativos de Alaska y los de la sabana africana las montañas han sido siempre un entorno mágico, una fuente de vida e inspiración. Un ambiente divino para algunos y para otros cuando menos un paraje especial, que provoca contemplar, disfrutar, que no deja a nadie indiferente. Las montañas sencillamente resaltan sobre un horizonte mas llano, y atraen cuando menos nuestra mirada y silencio, y solo con esto nos regalan, aunque sea solo por segundos, una verdadera atención sobre el entorno en el que trascurre nuestra vida, el aquí; y sobre el único momento en el que esta se da y existe, el ahora. 

  Macizo del Sinaí

El monte Sinaí es una montaña mítica. Si tuviese algún sentido compararlas podríamos decir que es una de las montañas más sagradas que existe, se cree que fue allí donde Dios hablo a Moisés y le dio una ley para toda la humanidad, los Diez Mandamientos. Es una montaña venerada por judíos, musulmanes y cristianos, más de tres mil millones de personas la consideran Santa y miles la ascienden cada año para ver el atardecer o el amanecer que se extienden, sobre nosotros mismos.

  Sinai

 

 

 

Horizontes del Sinaí

El Desafío Apus no trata sobre escalar una lista cerrada de montañas, va mucho más allá, consiste en promover la conservación de estos ecosistemas y la herencia cultural de sus pueblos. Las montañas sagradas son inacabables y la lista de ellas seguira totalmente abierta y desconocida por la sencilla razón de que las sensaciones y la inspiración que encuentra en la montaña cada persona proveniente de la inmensa diversidad de culturas y creencias que existe en nuestro mundo es incalculable. Y justamente esto es lo que más me gusta de nuestra iniciativa, un horizonte inacabable. Confieso que cuando la idea de llevarla a cabo tomó forma, surgió una lista inicial que fue creciendo imparablemente, y entre las primeras montañas emblemáticas que vinieron a mi mente, apareció el monte Sinaí como él referente.

Gracias a Dios y a que Banoa me ha enviado a Egipto para que repase y vea nuevas posibilidades en nuestra ruta de trekking por el Desierto Blanco, surgió la oportunidad y el tiempo justo para escaparme a celebrar navidad en el monte Sinaí. En mis pocas horas libres me he refrescado en el profundo azul de un mar Mar Rojo encendido y he visto al Sol cobrar toda su intensidad nuevamente al atardecer, esta vez desde la cumbre de djebel Musa, como llaman en árabe a la “montaña de Moises”.

beduinos & turistas

Un cielo puro acompaño mi ascenso y he tenido suerte a lo largo del mismo; en un lugar tan frecuentado he andado solo, en silencio, y nada me ha distraído de ver como la montaña cobraba su verdadera gran dimensión. El monte Sinaí no solo no me dejo indiferente, me lleno con su historia y sus vistas, con sus riscos y senderos de roca, y creo que compartió conmigo mucho de aquello que inspira en tanta gente. Todo fue simple y sencillo, seguí a un cielo que viajo de un puro azul a un rojizo intenso y mis pasos encontraron un horizonte que me arrastra a seguir soñando, sin límites. Para mi, los encuentros con gente proveniente de todas partes son un regalo y aquel  día la sensación de sentirme uno mas, fue realmente grata, como lo fue también aquella conversación que surge con uno mismo, en momentos y lugares sencillamente especiales, sagrados.

A la noche, las murallas del monasterio de Santa Catalina volvieron a una profunda calma, quedándose todo dormido, volviéndose remoto, en el medio de la nada.

sinai

Ve las vistas desde lo alto del monte Sinaí ( video Sinaí) y visita nuestro canal SacredMountains en You Tube.
  cumbre Sinaí

 

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