Una iniciativa de conservación que pretenda sostenibilidad a largo plazo tiene que abrazar con todas sus fuerzas las diversas manifestaciones culturales en las que las comunidades y personas encarnan la conexión y relación de reciprocidad que existe entre el ser humano y su medioambiente. Este post comienza con un solo gesto, una sola expresión, Namaste.

Cada vez que en mi andar por los bosques y las montañas de Nepal escucho atento un sincero ¡Namaste!, no lo dejo escapar, siento cómo el saludo nace del corazón y que en ese preciso instante alguien me desea todo lo mejor. Siento una muestra profunda de respeto, un reconocimiento a la dualidad que habita en todos nosotros y el sentido que cobra nuestra existencia en unidad con toda la naturaleza.
Cada palma de la mano acompaña suavemente a la otra mientras juntas miran al cielo manteniéndose cerca del rostro aunque ligeramente por debajo; la vista fija, una minúscula reverencia y aquella fresca sonrisa del Himalaya completan un gesto que captura el alma de un paisaje tan espectacular: su gente, sus creencias, sus montañas.

Desde esta tribuna quiero alentar a todos a desarrollar sus propias razones para proteger la Naturaleza, sean estas ancestrales o modernas, quiero contagiar los sueños, aprendizajes y pasiones que aguardan en las montañas. Quiero motivarlos para que se asomen un poco más allá de la esquina de su mundo y descubran un ecosistema lleno de nuevos horizontes.

No se cuantas veces he contemplado las paredes y glaciares del Annapurna desde que hace cuatro años mis pasos me llevaran por primera vez a Nepal, solo se que he vuelto lleno de ilusión año tras año. Unas veces sus cumbres se han insinuado sumergidas en la niebla y otras sin una sola nube que se atreviera a ocultar un solo rincón de su belleza. Nada quita las ganas que llevo de volver a acurrucarme a ella en un frió amanecer junto al olor de la leña, envuelta en arco iris o iluminada por la luna llena. Porque no me han faltado en su compañía las sorpresas, las sonrisas, las lagrimas, porque ha sido abundante en pasiones que se encienden junto al mas rojo de los naranjas al marcharse la tarde, mientras al vació se lo arrastran las sombras.
Parvati se encarna en bellas y descomunales montañas, y se sabe que una de sus preferidas es Annapurna, mora en sus aristas mas afiladas y en sus cumbres mas altas desde donde emerge como la “Diosa de la Abundancia” y la plenitud; riega los campos con ríos sagrados, inspira las mas sinceras plegarias y llena de vida la boca y espíritu de miles de familias del centro de Nepal. Quiero agradecer las incontables sensaciones que me ha dado con sus miles de rostros y miradas, con sus entrañas y quebradas, con el jugar de los niños, con cada paso dado por los senderos que van del Marsyandi al Kaligandaki, de Manang a Ghorepani; gracias por cada nuevo desconocido que he cruzado por el camino, por confrontarme conmigo mismo, gracias por cada nuevo bosque, cada desierto, por una merecida sombra cerca de un manantial, por aquel calido primer rayo de luz, por volverme sediento en un mundo desbordante en agua, por cada namaste!, gracias, por cada hasta luego, gracias. Vuelvo lleno, con ganas de mas Nepal.

13 de octubre, me ha despertado en Temang un amanecer que asomaba iluminando todo el macizo del Manaslu y mi ventana.
Poco a poco todo ha ido cobrando vida, el canto de los gallos, el humo de las chimeneas. Se han ido despertando los porteadores que trabajan conmigo, primero los mayores y luego los mas jovencillos; detras se han levantado junto a la fria manana todos los miembros del grupo que guio por el trek que da la vuelta a los Annapurnas, en el Himalaya de Nepal.
Uno de ellos se ha acercado a preguntarme : - Oye Fer, como van nuestros Sherpas?
Le he mirado y le he vuelto a insistir, como en dias anteriores: - No todos los porteadores de Nepal son Sherpas, los que nos apoyan en Annapurnas son Tamang - Por ahora, todos van bien…
Cada uno ha atado su carga y van saliendo rapidamente rumbo a Chame, donde pasamos la noche y desde donde escribo.
Nuestros porteadores viven en el distrito de Kabre, algo lejos de aqui, y son parte de una de las etnias mas representativas del Himalaya. Padres y hijos aprovechan la temporada de turismo para trabajar cargando bultos arriba y abajo, atravesando desfiladeros, rios, bosques e interminables cuestas; es quiza uno de los trabajos mas sacrificados que existe en nuestro mundo y ,a la vez, la mayor fuente de ingresos economicos para incalculables familias de Nepal.
Desde siempre se han caracterizado por ser nobles y sonrientes conmigo, son budistas, no son tan famosos pero tambien tienen una identidad y nombres propios: Sure, Tiersang, Raju, Iman, Daraj, Chetuj, Rakesh…
Son Tamang
(un saludo desde Chame, en el Himalaya de Nepal 13/10/2008)