Aneto, valle de Benasque (España)

Hace dos días subí a la cumbre del Aneto, tras “El paso de Mahoma” se abrió una vez más la escarpada belleza del Valle de Benasque mientras en el horizonte también asomaba la frontera con Francia que casi se puede tocar con los dedos desde este rincón del valle. Me he abrazado mas de una vez a este paisaje y también en mas de una oportunidad he jurado no volver, y así son los sentimientos con Benasque, sentimientos encontrados, que me inflan de energía o me paralizan, que me estiran la lengua o me dejan mudo, sentimientos que deambulan al borde del abismo entre aquella belleza llena de posibilidades para la aventura y las pasiones, y lo dura, y fría que pueden llegar a ser sus calles, sus recuerdos y aquellas puertas cerradas.
Esta vez he subido aquí solo, aunque en otras oportunidades lo hice mas acompañado, como en el otoño pasado por la vía Salenques –Tempestades junto a Luís Varela y junto a mas compañía a lo largo de los últimos años por Coronas o por el corredor Estasen; cada vez la historia y las sensaciones han sido distintas, en alguna oportunidad me he ganado un beso llegando arriba, otras veces lo he robado, …o lo he soñado, y mucho mas a menudo un abrazo entre amigos, un cruce de manos o sencillamente la nada ha sido la recompensa de la jornada, eso si, con cada horizonte compartido guardo intensos recuerdos, Javi, Elena, Henry, Arantxa, Luis, Anja, Silvia y Manel son solo parte de muchos mas recuerdos y nombres del valle, muchos recuerdos de los que no quisieras desprenderte jamás por mas que precisamente son aquellos los primeros que deberías aprender a dejar pasar; hay una canción que dice en “…macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz, no debieras intentar volver jamás…” ; la verdad que a veces me cuesta tener presente cuando realmente he sido feliz en el valle, y es que aquí he vivido los momentos de mayor soledad de toda mi vida mientras me arrastraba según mis ilusiones (que no es lo mismo a, …según Yo) a estar lo mejor acompañado el resto de ella, …aunque en el fondo quizá me he sentido más solo en donde precisamente “deseaba” estar mas querido y acurrucado, donde mas me hacia falta, donde mas amor no solo he querido dar, sino donde mas lo he entregado sin contar las monedas que me daban a cambio; en fin, el día fue precioso en el valle, grandes vistas y sentimientos encontrados con aquellos tropiezos en nuestro intento de ser naturales, mientras olvidamos sencillamente serlo, sin mas.
Para el que le interese, el Aneto es la cumbre más alta de los Pirineos, estuve solo y todo fue bien. Un abrazo y una sonrisa a toda la gente del valle que me ha acogido con sus risas, cenas y energía de estos días.
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