
Subo muy despacio, manteniendo el ritmo, sin cambiarlo ni un instante, primero los guio a 3700 metros, un descanso, disfrutamos de las vistas y seguimos, llegamos a 3985 metros y de nuevo una paradita, abrigarse primero, hidratarse, picar algo y seguir. Disfrutando, con calma, sin desperdiciar cada respiración que se nos regala, haciendola profunda, alargada, intensa. Cada tramo nos cuesta una hora a este ritmo, vamos bien, por ratos me distraen las vistas del Manaslu, son impresionantes, estamos aclimatando, todos tenemos que hacerlo, nadie se escapa. Pin pan, me repito en la mente, uno dos, pin pan, y otra vez, uno dos, y así persevero con el mismo ritmo, un ritmo para ellos y también para ellas, e intento no salir corriendo, no distraerme, aunque por instantes quisiera poder volar, sentir como arden mis pulmones; como aquella gota, que vuela desde la tetera al acero en brasas, gota que cae, hirviendo, evaporandose, transformandose, a mil por hora.
En unos dias llegaremos al Thorong La (5400m) y para cruzarlo sin mayores contratiempos aclimatamos, nos adaptamos a la altura todo lo mejor que podemos. A mis pasos saboreo la brisa del Himalaya, su aliento fresco, las montañas respiran a mi alrededor, laten. Siento como se mueven las ramas mientras el sol va calentando mis mejillas; mi respiración va pausada, serena, profunda.Como si fuese la última, la saboreo más, la acepto tal como es, sin desperdiciarla, sacandole el mayor provecho. Que rico es respirar, no? me dice mi mente. Si, le contesto. Es rico, común y cotidiano.
Pin pan, uno dos, exhalar, un paso, otro más, inhalar, inspirar, llegamos a 4250 metros, nuestra meta por ahora, celebran los que nunca han estado tan alto, celebramos por ellos, nos relajamos todos, sólo un rato, intentamos grabar la experiencia, unos rien, otros lloran, otros nada, unos abren los ojos, otros los cierran y descendemos, sin camino, dejandonos llevar. Y el suelo se hace suave, un manto de hojas nos abraza y yo le devuelvo el abrazo, vamos adentrandonos poco a poco, entre las hojas, nuestro rincón en el bosque nos espera, y paramos, compartimos, y esta vez todos cerramos los ojos, vemos más claro.

Me levanto, vuelvo a saborear cada bocanada de oxígeno, son un regalo, suenan las hojas bajo mis pasos, alzo la mirada y llueven hojas desde lo alto, como gotas que se precipitan a las brasas del acero, caen efímeras mientras se escurren entre mis manos, y siguen cayendo más hojas doradas desde un cielo azul, en suave aterrizaje, atravezando los rayos de luz que se cuelan entre las sombras. Todo en calma y todo en movimiento, y nacen más sombras, se extienden por todo el horizonte. Una vez más estoy frente al Manaslu, Annapurna II, Annapurna IV, Gangapurna, Tilicho, y unos rien, otros lloran y otros nada, y otros todo. Y a mi, se me ocurre decir gracias, en silencio, para dentro. Y cae otra gota, al acero en brasas, transformándose, a mil por hora.
Abajo nos espera el pueblo, sus niños, sus travesuras, su curiosidad, el río, el silencio de la tarde. Y siguen cayendo, sobre mi, entre la luz dorada, en camara lenta, como las sombras que se estiran lentas, al fondo del valle, como las nubes que surjen de las entrañas de la tierra, del inframundo, nubes que se lo comen todo, el serperteante río, las casitas, los rostros, los mantras, las miradas, los lamas, sus clarinetes y tambores, y hasta el humo del incienso que se me cuela entre las venas; y de las nubes del reino de Hades sólo se salva la luna que se escurre entre ellas, iluminando los glaciares que se encienden, en lo alto, sobre las nubes, bajo ellas, sobre nosotros, bajo las estrellas.
Todo lo que la vida te regala, abrázalo. Con cariño, con fuerza, dale un mordisco, saborealo. Desde Manang, Himalaya, SubaYatra!!
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