Namaste!


Bienvenidos a esta nueva actualización de sueños y proyectos. Los ultimos años he estado fuera, en el mundo, subiendo montañas, compartiendo pasiones, visitando selvas y mares, sobreviviendo en ciudades, amando, aprendiendo, llorando, riendo, viviendo… y sencillamente cada paso me ha llevado a conectar con lugares fascinantes y gente maravillosa.

Feliz navidad a todos.

Atardecer desde Kalapatar, Everest Trek

A mis amigos, a los amigos que vienen y a los amigos que se van. Felicidades a los conocidos y desconocidos, a mis enemigos si es que los hay.

Preparo en este instante una nueva mochila y en unas horas vuelvo a trabajar al Himalaya. Como siempre me llevo conmigo lo mejor de todos vosotros. Gracias por compartir. Gracias por sus sonrisas, denme mas…

Voy rumbo al lago sagrado Gosaikunda (Lantang / Nepal) donde recibire al 2012. Desde allí enviaré toda la mejor de las energías, a todos. Eso si, primero me las enviare a mi mismo; porque la transformación y los cambios comienzan por uno.

Como hace menos de un mes desde lo alto de Kalapatar, a los pies del Everest (imagen) nuevamente tomaré un aliento profuundo y lento, y desearé a todos vosotros lo mismo que me deseo a mi:

Aceptación, responsabilidad, ilusión y esfuerzo constante. Paz interior y un camino que lleve agarraditas de las manos a la sabiduría y la compasión. En resumen, mucho Amor.

Fer

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Abraza todo lo que la vida te regala.

Manaslu desde Mannag

Subo muy despacio, manteniendo el ritmo, sin cambiarlo ni un instante, primero los guio a 3700 metros, un descanso, disfrutamos de las vistas y seguimos, llegamos a 3985 metros y de nuevo una paradita, abrigarse primero, hidratarse, picar algo y seguir. Disfrutando, con calma, sin desperdiciar cada respiración que se nos regala, haciendola profunda, alargada, intensa. Cada tramo nos cuesta una hora a este ritmo, vamos bien, por ratos me distraen las vistas del Manaslu, son impresionantes, estamos aclimatando, todos tenemos que hacerlo, nadie se escapa. Pin pan, me repito en la mente, uno dos, pin pan, y otra vez, uno dos, y así persevero con el mismo ritmo, un ritmo para ellos y también para ellas, e intento no salir corriendo, no distraerme, aunque por instantes quisiera poder volar, sentir como arden mis pulmones; como aquella gota, que vuela desde la tetera al acero en brasas, gota que cae, hirviendo, evaporandose, transformandose, a mil por hora.

En unos dias llegaremos al Thorong La (5400m) y para cruzarlo sin mayores contratiempos aclimatamos, nos adaptamos a la altura todo lo mejor que podemos. A mis pasos saboreo la brisa del Himalaya, su aliento fresco, las montañas respiran a mi alrededor, laten. Siento como se mueven las ramas mientras el sol va calentando mis mejillas; mi respiración va pausada, serena, profunda.Como si fuese la última, la saboreo más, la acepto tal como es, sin desperdiciarla, sacandole el mayor provecho. Que rico es respirar, no? me dice mi mente. Si, le contesto. Es rico, común y cotidiano.

Pin pan, uno dos, exhalar, un paso, otro más, inhalar, inspirar, llegamos a 4250 metros, nuestra meta por ahora, celebran los que nunca han estado tan alto, celebramos por ellos, nos relajamos todos, sólo un rato, intentamos grabar la experiencia, unos rien, otros lloran, otros nada, unos abren los ojos, otros los cierran y descendemos, sin camino, dejandonos llevar. Y el suelo se hace suave, un manto de hojas nos abraza y yo le devuelvo el abrazo, vamos adentrandonos poco a poco, entre las hojas, nuestro rincón en el bosque nos espera, y paramos, compartimos, y esta vez todos cerramos los ojos, vemos más claro.

Sombras, Manang

Me levanto, vuelvo a saborear cada bocanada de oxígeno, son un regalo, suenan las hojas bajo mis pasos, alzo la mirada y llueven hojas desde lo alto, como gotas que se precipitan a las brasas del acero, caen efímeras mientras se escurren entre mis manos, y siguen cayendo más hojas doradas desde un cielo azul, en suave aterrizaje, atravezando los rayos de luz que se cuelan entre las sombras. Todo en calma y todo en movimiento, y nacen más sombras, se extienden por todo el horizonte. Una vez más estoy frente al Manaslu, Annapurna II, Annapurna IV, Gangapurna, Tilicho, y unos rien, otros lloran y otros nada, y otros todo. Y a mi, se me ocurre decir gracias, en silencio, para dentro. Y cae otra gota, al acero en brasas, transformándose, a mil por hora.

Abajo nos espera el pueblo, sus niños, sus travesuras, su curiosidad, el río, el silencio de la tarde. Y siguen cayendo, sobre mi, entre la luz dorada, en camara lenta, como las sombras que se estiran lentas, al fondo del valle, como las nubes que surjen de las entrañas de la tierra, del inframundo, nubes que se lo comen todo, el serperteante río, las casitas, los rostros, los mantras, las miradas, los lamas, sus clarinetes y tambores, y hasta el humo del incienso que se me cuela entre las venas; y de las nubes del reino de Hades sólo se salva la luna que se escurre entre ellas, iluminando los glaciares que se encienden, en lo alto, sobre las nubes, bajo ellas, sobre nosotros, bajo las estrellas.

Todo lo que la vida te regala, abrázalo. Con cariño, con fuerza, dale un mordisco, saborealo. Desde Manang, Himalaya, SubaYatra!!

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La vela no esta allí para iluminarse a sí misma

Leh – Valle de Nubra. Diario India 2011.

La vela no esta allí para iluminarse a sí misma”

Nawab Jan-Fisham Khan

Sigo en ruta por India, aprendiendo cada día, compartiendo, tropezando a veces, acertando y, sobre todo, aprendiendo de lo que comparto, de lo que me comparten. Siguen los amaneceres entre Himalayas y el Karakorum, entre el Sijismo y el Hinduismo, entre el Sufismo, el Budismo y muchos mas ismos, siguen los días con sus comidas, atardeceres, con la salida de la luna, la llega de la noche, las conversaciones más íntimas, los mejores silencios. Sigue un nuevo amanecer detrás de otro y sigue el camino; y sin pausa, pero sin prisa, se van abriendo los valles tras los pasos de montaña, va soplando el viento y suena la música, mantras que nos recuerdan a Buda y la compasión, alabanzas dedicadas a Shiva y rezos del Corán en pleno Ramadán, aquí, al norte de la India.

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Tsomoriri, un lugar para despertar. Diario India 2011

Tsokar, Ladakh

Dejamos atrás las montañas y los encendidos atardeceres de Tsokar para continuar superando los kilómetros de carreteras polvorientas de nuestra travesía por las tierras altas de Ladakh, caminos que nos han conducido hasta la belleza del lago Tsomoriri, un paraje inspirador, sereno; otro regalo que nos hace esta tierra dura y, a la vez, mágica. Como nosotros, los ladakhis que habitan estas estepas del norte de la India también consideran al lago un regalo de la madre tierra, una fuente de inspiración para su propio “despertar” espiritual.

No controlo mis ansias y por momentos quisiera abandonarlo todo y lanzarme a circunnavegarlo, explorar cada uno de sus rincones y subirme a sus más altos balcones, allí donde vislumbro nieve fresca y horizontes amplios. Y vuelvo a la vida, este momento y el presente vuelve a ser perfecto y nuevamente deseo esos horizontes amplios…

Tsomoriri, Ladakh

Caminamos entre banderas de oración, chortens y recorremos un buen trocito de sus orillas, mi mente vuelve a volar imparable, sin control y la brisa sopla fría y suave, y el cielo se enciende de azul mientras nos acercamos al monasterio que destaca en lo alto de la colina; nuevamente el interior de una gompa nos recibe a la luz de las velas y en la oscuridad aparecen los demonios protectores, budas, los arhatas, los bodiswhattas y, entre ellos, Tara.

Un monje improvisa unos mantras, me pongo comodo y absorvo todo lo más que puedo esta “medicina” espiritual. Relajado y sereno, vuelve a mi la imagen de Tara, y visualizo como brota de una lágrima de Avalokiteswara, una lágrima arrancada por su impotencia frente a tanto sufrimiento en la existencia humana.

Y tras esto, a las orillas de un regalo de la madre tierra llamado Tsomoriri, las palabras de Schmedling cobran eco entre las montañas y la luna que asoma:

Aquello que no eres capaz de aceptar es la única causa de tu sufrimiento”

Tsomoriri, Ladakh

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